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El arte social recorre trochas a “palo, patá y kunfú”

December 2nd, 2009 by admin | No Comments | Filed in arte

Las transgéneros se convierten un una suerte de no personas, viviendo en no lugares, dice Bravo MANUEL SARDÁ

Las transgéneros se convierten un una suerte de no personas, viviendo en no lugares, dice Bravo MANUEL SARDÁ

En la obra de Argelia Bravo, el cuerpo herido es el cuerpo social. La herida se hace impronta y metáfora

Argelia Bravo profundiza en un tema neurálgico yéndose por las trochas, literal y simbólicamente. Desde hace cinco años lleva a cabo una investigación en la que ha recorrido, junto con un equipo multidisciplinario, los “caminos verdes” ­y no por verdes más desahogados­ que las transgéneros en Caracas tienen que transitar para (sobre)vivir. El paisaje (el físico) es impune y el paisaje social lo es más.

Bravo realizó expediciones, al estilo National Geographic, en las que Vanessa de Almeida guiaba a un equipo que realizó un levantamiento cartográfico de esas rutas que para muchos son invisibles, esas trochas en las que la comunidad trasngénero sólo recibe “palo, patá y kunfú”, construcción coloquial que ellas mismas hacen de una palabra: violencia.

A cada paso, una herida. El cuerpo de Yhajaira o de Vanessa es impronta y al mismo tiempo metáfora de una sociedad en la que la tolerancia es sólo ficción discursiva. En la vida real, en la calle, la discriminación de género tiene forma de peinilla, de cuchillo, de dientes de perro que ansían carne de “trans”, de cuchara caliente que quema la piel de alguien que nació con un pene pero que siente que en su pasaporte, en el renglón que dice sexo, no debería escribirse la palabra masculino.

Guiada por el arte social, del que fue pionero en Venezuela el fallecido artista Claudio Perna, Bravo reconstruye historias de vida a través de las heridas corporales de Yhajaira Marcano Bravo, y lo hace apropiándose de las maneras de los forenses y las de los artistas contemporáneos, como una “artista-perito”, definición concebida por la propia creadora. Bravo entiende cada herida como evidencia.

Una de las primeras imágenes visuales de su investigación son las Dermocopias. Con tinta dactilográfica se imprimieron heridas directamente del cuerpo de Yhajaira. Cada Dermocopia tiene arriba la ficha forense en la que se indica el arma que propinó la herida y el caso. Uno de ellos da cuenta, por ejemplo, de las huellas ­la palabra huella es a veces tan leve­ que el director de un centro de “reeducación” de una cárcel dejaba en los cuerpos de las trans con un fuete fabricado con una piel con la que parecía tener más clemencia: la de toro.

El asunto es que la piel de Yhajaira es la piel de muchos.

Su cuerpo es el cuerpo social.

“Recolecto evidencias para demostrar que el Estado, que no son sólo las instituciones sino también la ciudadanía, son culpables de esas heridas físicas y psíquicas. Son castigadas porque no cumplen con heteronormatividad; es decir, están fuera de las normas de una sociedad binaria, en la que cualquier cosa que no sea femenino o masculino, hombre o mujer, es criminalizado. Las excluyen por su identidad sexual. Primero desertan de las escuelas, las botan de sus casas, no pueden optar a trabajos. Por ello están obligadas a ser trabajadoras sexuales. Las heridas revelan una forma de violencia de la sociedad, revela lo que hemos sido capaces de hacer y de dejar de hacer. Todos somos partícipes o responsables por acción u omisión”.

Bravo también le pidió a una conservadora argentina que hiciera un proyecto de conservación del cuerpo de Yhajaira, concebido como obra de arte, de arte social. Con ello, también flecha irónicamente el arte.

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